La huella aborigen está en el aire, en las ruinas, en el recuerdo de los que quedaron, en la sangre.El mundo de nuestro tiempo -mundo convertido en mercado, tiempo del hombre reducido a mercancía – festeja cada 12 de Octubre, el “día de la raza".
Laura Franco, en América Aborigen, escribe al respecto:“
…Desde hace mucho tiempo el día de la Raza es cuestionado, porque en realidad ya no podemos conformarnos con lo que nos dijeron nuestros maestros y los libros de historia, que por muchas razones que seguramente fueron importantes y valederas en su momento, nos dieron una imagen errónea de ese suceso. Según esa imagen, los habitantes de América de ese entonces aceptaron sin resistencia toda la cultura, las ideas, la religión, y el sistema de vida de los europeos. Pero no fue así. La realidad es que en este lugar había tribus de aborígenes que tenían su propia civilización, y fue tan trascendental que miles de historiadores no lograron borrarla aunque no la mencionaran ni siquiera en una de sus páginas. La huella de esas familias quedó en el aire, en las ruinas, en el recuerdo de los que quedaron, en la sangre.”Grupo Proyección añade que el arribo de los europeos a tierras americanas fue una gesta sangrienta, el 12 de octubre de 1492 comenzó el genocidio más grande cometido a la humanidad, con más de 90 millones de hermanos muertos en todo el continente. Ese día empezó la invasión, la evangelización, el colonialismo y la dependencia política, social y económica, y el saqueo del patrimonio cultural.
La religión cristiana, nacida como un instrumento de lucha a favor de los oprimidos, se convirtió en un instrumento opresor durante la conquista.
Desde 1492, la “superioridad” del hombre blanco se refleja en el racismo latente que habita en el subconsciente colectivo de América, donde no pocos indígenas y negros cambian de identidad: cambian de lengua, cambian de nombre y cambian de vestimenta.
Lo único que heredaron en más de medio milenio de rapiña y colonización, es la vergüenza de ser lo que son, una pirámide social donde lo oscuro está en la base y lo claro en la cúspide, y un capitalismo que destruye los elementos naturales, considerándolos sólo recursos económicos y destruyendo con ello su identidad.
Los pueblos originarios aún sostienen la armonía de la naturaleza, que los vuelve a reunir hermanados por la memoria y la dignidad por sus ancestros, siendo concientes de que toda la vida viene de la tierra y vuelve a ella para continuidad del ciclo de la vida.
Actualmente discriminados y marginados por nuestra sociedad que parece alejarse del universo que los contiene, ellos siguen siendo Tierra, Agua, Fuego y Viento a la vez, porque jamás se creyeron dueños del espacio sino parte de él y su armoniosa sintonía.
La revalorización de la cultura no prescribe Grupo Proyección